Búscame en los reportes del clima

Roger Ebert fue uno de los más reconocidos críticos de cine del mundo, tenía una columna en el Chicago Sun Times y un programa de televisión. Pasó los últimos años de su vida sin poder hablar, pues a consecuencia del cáncer que padeció, le quitaron gran parte de la quijada. Pero, como leí en algún obituario suyo, nunca perdió su voz.  

Escribió esto en su página unos meses antes de morir. Cuando lo leí, puso mi mente a girar. La posibilidad de que NO existiera un Dios, y que al morir no hubiera nada del otro lado, siempre me pareció desoladora. Por primera vez, y gracias a las palabras de Roger, me parece que esta idea no es tan terrible.   

Este texto que traduje es un poco largo. Creo que vale la pena, sobre todo el final.  

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Entra amablemente en esa noche buena-por Roger Ebert

Sé que ya viene, y no le temo, porque no hay nada que temer del otro lado de la muerte. Espero poder evitar el mayor dolor posible en este tramo final. Yo estaba perfectamente contento antes de nacer, y pienso en la muerte como el mismo proceso.  Estoy agradecido por el regalo de la inteligencia, por la vida, el amor, por el asombro y la risa. No puedo decir que me aburrí. Regresaré a mi casa con los recuerdos de este viaje. Los necesitaré en la eternidad, al igual que aquel souvenir de la Torre Eiffel que traje a casa de París.

Espero no morirme pronto. Pero podría suceder en este momento, mientras estoy escribiendo. Estaba hablando el otro día con Jim Toback, un amigo desde hace 35 años, y la conversación giró hacia nuestras muertes. “Pregunta a alguien cómo se siente acerca de la muerte”, dijo, “y te dirá que todos van a morir. Pregúntale, ¿En los siguientes 30 segundos? No, no, no, eso no va a suceder. ¿Qué tal esta tarde? No. Lo que realmente les estás pidiendo que admitan es, Oh Dios mío, realmente no existo y en cualquier momento me podría ir.”

Yo también, pero espero que no. Todavía tengo planes. Aún así, este blog me llevó hacia la reflexión de la muerte. En el inicio me sentí atraído a escribir sobre mi vida. La historia de vida de todos está esperando la última página. Después, empecé a escribir sobre la evolución, la más reconfortante de todas las ciencias, y me envolví en una inesperada discusión sobre Dios, el más allá, y la religión.  

Cuando empecé este blog pensé que si había una cosa de la que nunca escribiría, sería de religión. Pero ustedes, mis lectores, han querido escribir de ella. En cientos de mensajes. Medio millón de palabras. La vida, ciencia, creencias, dioses, evolución, diseño inteligente, el más allá, reencarnación, la naturaleza de la realidad, lo que era  antes del Big Bang, la realidad del yo, muerte, muerte, muerte. El diálogo continúa.

Este blog ha sido toda una educación para mí. 

Mis opiniones han sido retadas. Tuve que defender lo que yo creía. Leí un poco más. Escribí una nota sobre la manera en la que creo en Dios, la cual es que no creo. No, al menos, en el Dios en el que la mayoría se refieren cuando dicen Dios. Les concedo esto: que si el universo fue Causado, debe haber un Causante. Pero esa entidad, o fuerza, debe estar fuera del espacio y tiempo; más allá de todas las categorías de pensamiento, o del no-pensamiento; trascendiendo la existencia, o la no existencia. ¿Cuál es la utilidad de discutir de nuestras “creencias” acerca de ella?  ¿Qué les parece la asombrosa posibilidad de que no hubiera una causa? ¿Qué tal si todo… simplemente sucedió?

Me dijeron que yo era un ateo. O un agnóstico. O un deísta. Rechacé todas las etiquetas. Es muy fácil para los demás colgarme una etiqueta, y creer que ya con eso me entienden. Yo aún trabajo en entenderme a mí mismo.

Para explicarme, recurro a Walt Whitman:

Qué tristeza, si nuestra libertad para pensar en la inmensidad del tiempo y espacio fuera limitada por lo que alguien nos informa que es lo que debemos creer.

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Pero algunos lectores me han dicho que es lamentable y trágico dirigirse a la muerte sin fe.  Yo no lo siento así. “La fe” es neutral. Todo depende de en qué se cree. No tengo deseo de vivir para siempre. El concepto me asusta. Ah, pero me dicen, el más allá no involucra al tiempo. ¿En ese caso, cómo puede ser eterno? La eternidad sólo se puede concebir en un universo que contiene tiempo.

La discusión se ha mantenido, hemos estado comentando sobre la mecánica cuántica, que sugiere la posibilidad de la comunicación instantánea entre dos partículas conectadas, aún estando en fines opuestos del universo . Esto pasa, independientemente del tiempo y el espacio. ¡Lo han probado en laboratorios! Si los científicos tienen la razón, todo lo que está y donde está, es en un sentido, la misma cosa, en el mismo lugar– o bien podría serlo.

Pero eso, también, es poco consuelo.

Lo único que puedo hacer es pensar con mi mente. Lo único que puedo ser es quien parece que soy. Sólo puedo estar donde parece que estoy. El tiempo puede moverse rápido o lentamente, pero sigue siendo el tiempo; mi reloj es prueba de eso.

Creo que mi reloj existe, y aunque esté inconsciente, sigue haciendo tictac. Hay que empezar por algo. Tengo que vivir dentro de estas creencias.  Aún y cuando todo lo que está y donde está sea la misma cosa, debo comer una naranja o moriré de deficiencia de vitamina C.

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Así que dentro de esa realidad, algún día voy a morir. Tengo 66, he tenido cáncer, y moriré antes que la mayoría de los que leen esto. Así es la naturaleza. Respecto a mis planes para después de la muerte, cito a Whitman otra vez:

Búscame en los reportes del clima.

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Educado como Católico Romano, interioricé los valores sociales de esa fé y aún mantengo la mayoría de ellos, aunque su teología ya no me convence. No tengo problema con las creencias de otros; cada quien enfrenta las cosas a su manera, y no tengo verdades que impartir. Lo único que requiero de una religión es que no me insista en que crea en ella. Conozco a un cura, un hombre maravilloso, cuyos ojos brillan cuando dice: “ Tú ve y haz el trabajo de Dios a tu manera, y yo lo haré en la Suya”.

Lo que espero y que seguramente sucederá es que mi cuerpo fallará, mi mente dejará de funcionar, y eso será todo. Mis genes no vivirán, porque no he tenido hijos. Tal vez fui infértil. Si descubro  que en algún momento en el camino concebí un hijo, que ese niño dé un paso adelante y que ella o él contemplen a un padre feliz. A través de mi pareja, he tenido ahijados y nietos, y los amo de manera incondicional, el único tipo de amor por el que vale la pena molestarse.  

Me consuela la teoría de Richard Dawkins de los memes. Ellos son unidades mentales: pensamientos, ideas, gestos, nociones, canciones, creencias, rimas, ideales, enseñanzas, dichos, frases, clichés, que se mueven de mente a mente así como los genes de cuerpo a cuerpo. Después de una vida entera de escribir, enseñar, transmitir y torturar felizmente a la gente con mis bromas, creo que he dejado atrás más memes que muchos. Eventualmente todos ellos van a morir también, pero así son las cosas.

Tomé por muchos años en una taberna que tenía una fotografía de Brendan Behan en la pared, y debajo de ella, su frase, la cual memoricé:

“Respeto la bondad en los seres humanos antes que nada, y la bondad con los animales. No respeto la ley; tengo una irreverencia total a cualquier cosa conectada con la sociedad excepto aquello que hace a los caminos más seguros, a la cerveza más fuerte, a la comida más barata y a los ancianos más calientes en el invierno y más felices en el verano”.

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Para ser sólo 47 palabras, es una manera muy clara de expresarlo.

La “bondad” cubre todas mis creencias políticas. No hay necesidad de deletrearlas. Creo que si, al final de todo, de acuerdo a nuestras habilidades, hemos hecho algo para hacer a otros un poco más felices, y algo para hacernos a nosotros mismos un poco más felices, eso es lo mejor que podemos hacer. Hacer de otros menos felices es un crimen. Hacernos a nosotros mismos menos felices es el padre de todos los crímenes. Debemos contribuir felicidad al mundo. Eso es verdad sin importar nuestros problemas, nuestra salud o nuestras circunstancias. Debemos al menos intentar. No siempre supe esto, y soy feliz de haber vivido lo suficiente para darme cuenta.

En un momento más, o en unos años, encontraré lo que Henry James llamó, en su lecho de muerte, “esa cosa distinguida”. Tal vez no esté consciente del momento de fallecer. Ya en una ocasión, fui declarado muerto. No fue tan malo. Después de una arteria rota de mi primer cirugía de cáncer, los doctores pensaron que eso era todo para mí. Mi pareja Chaz dijo que sintió que yo todavía estaba vivo, y que yo estaba hablándole, diciéndole que aún no era al final. Ella dijo que nuestros corazones latían al unísono, aunque mi latido de corazón estaba perdido. Ella le dijo a los doctores que yo estaba vivo, y ellos hicieron lo que los doctores hacen, y aquí sigo.

¿Le creo? Por supuesto. Le creo de una manera literal – no simbólica, figurativa ni espiritual. Creo que ella estaba consciente de mi llamado, y que sintió mi latido del corazón. Creo que lo sintió en el mundo real, en el que vivo con mi reloj. No veo razón por la que tal comunicación no pueda darse. No estoy hablando de telepatía, fenómenos psíquicos o un milagro. El único milagro es que ella estuvo ahí cuando sucedió, así como estuvo ahí por muchos días y noches largas. Hablo de ella parada ahí y sabiendo algo. ¿No hemos muchos de nosotros experimentado eso? Vamos, ¿no lo han sentido? Admiro a la revista “Escéptico” (Skeptic), pero no me interesa su explicación o desacreditamiento de este evento. Lo que sucede se lleva a cabo en un nivel no accesible a los científicos, teólogos, místicos, físicos, filósofos, o psiquiatras.

Es algo de naturaleza humana.

Algún día ya no haré ese llamado, y no habrá latido de corazón. ¿Qué sucede entonces? Desde mi punto de vista, nada. Absolutamente nada. Aún así, como le escribí hoy a una mujer que conozco desde los seis: “Más vale que llores en mi funeral.”

He estado intercambiando correspondencia con un amigo querido, el sabio y amable director Australiano Paul Cox. En 1988 hizo un documental llamado “Vincent: La vida y muerte de Vincent Van Gogh.” Hoy Paul me comentó que en cierto momento, Vincent escribió:

Mirar a las estrellas siempre me hace soñar, tan simple como sueño cuando veo los puntos negros representando ciudades y aldeas en un mapa. Y me pregunto, ¿no deberían estar tan accesibles los puntos brillantes del cielo como los puntos negros en el mapa de Francia? Así como abordamos un tren para ir a Tarascón o Ruan, abordamos la muerte para alcanzar una estrella. No podemos llegar a una estrella mientras estamos vivos, de la misma manera que no podemos tomar un tren cuando estamos muertos. Así que para mí, parece posible que el cólera, la tuberculosis y el cáncer son los medios celestiales de transporte. Así como los barcos de vapor, camiones y ferrocarriles son los medios terrestres… Morir lentamente y por la edad, sería llegar allá a pie.

Leer esto es genial, y es un alivio darme cuenta que probablemente no tendré que irme a pie.

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